Fátima Ambrosio, diseñadora de modas de veinte años, descubrió en la moda un lenguaje secreto: una vía para expresar aquello que su voz no lograba pronunciar, pero que su alma deseaba gritar con fuerza. Desde muy joven entendió que la creación era un refugio, un espacio donde sus emociones podían convertirse en forma, textura y movimiento.